Capítulo Uno

Entré en el aeropuerto dispuesta a dejar mi vida atrás, mi familia, mis amigos… y a ese hombre que en algún momento llegué a creer que me quería.
¡Como pude estar tan ciega!
Alex, mi exnovio, si se puede llamar así, tiene 25 años, su pelo al igual que sus ojos son como el carbón, con la piel clara y el cuerpo atlético, es guapo… bueno muy guapo. Trabaja en una tienda de videojuegos desde hace cuatro años, es un poco infantil para la edad que tiene – aunque… en algunos momentos eso me volvía loca- siempre viste informal con camisetas estampadas de superhéroes y dibujos tales como los Simpson, American Dad…junto con pantalones vaqueros con deportivas. –Vamos lo que todos conocemos como “de Sport”.
Todos mis amigos estaban encantados con él, cuando salíamos por ahí, era un encanto, pero cuando nos quedábamos solos…
¡Como he podido ser tan idiota!
Al principio no era así… cuando me fije en él era…
¡No, no quiero llorar! Estoy harta de llorar, además estoy aquí para pasar página y no pienso echarme atrás, me niego a ser la víctima de un imbécil, un simple número que añadir a una lista de mujeres que sufren a mano de sus parejas.

Tenía que salir de allí, sólo cuando me puso la mano encima vi realmente al hombre con el que dormía, ni siquiera quiero pronunciar su nombre, pero no por miedo sino por asco, odio… ugg!
Tenía que dejar de pensar en él, porque cada vez que lo recordaba me enfurecía más, estaba sentada en uno de los asientos del aeropuerto de Barajas, esperando a que saliera un vuelo destino Mallorca, -de momento iría a pasar una temporada allí, luego ya pensaría donde querría asentarme definitivamente- sólo necesitaba estar sola.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo y al levantar la vista me fije en un hombre que estaba sentado en una hilera de asientos frente al mío. Llevaba unos vaqueros ceñidos al cuerpo, que se ajustaban perfectamente a sus caderas, a sus muslos…, y una camiseta azul que dejaba ver sus musculosos brazos.
¡Vaya cuerpo! Un pequeño gemido salió rozando mis labios.
Tenía puestas una gafas de pasta negra, su pelo era castaño y lo llevaba despeinado, tenía las facciones de la cara muy marcadas haciéndole parecer más masculino si era posible, y sus ojos… sus ojos eran una mezcla de colores, color miel salpicados de un verde intenso.
Estaba concentrado en su portátil, tecleando con firmeza, me quedé mirándolo embelesada, creo que hasta se me abrió la boca inconscientemente.
En ese momento el desconocido levantó la vista y sus ojos se clavaron en mí. Me recorrió con la mirada y se detuvo más de lo necesario en mis pechos. Luego me miro a los ojos, el ambiente se hizo más espeso, y una corriente eléctrica me recorrió todo el cuerpo. Él sonrió de esa forma que crees que sólo saben hacer los actores de las películas. Al darme cuenta de que mi mandíbula se me desencajaba y que estaba haciendo el ridículo, me sonrojé y bajé la vista a la revista que tenia entre las manos, mirando pero sin ver nada, pasé las hojas de la revista deseando que el hombre que tenía frente a mí no hubiese notado lo que me había provocado.
Un instante después escuché una voz metálica que salía por los altavoces informando – los pasajeros con destino Mallorca, diríjanse a la T4, primera planta, puerta de embarque H.-
Me levanté, me alisé la falda, alegrándome de haber elegido ese conjunto por la mañana – llevaba una falda de tubo negra con una camisa gris clarita con el botón de arriba desabrochado, una americana y unos zapatos de tacón a juego con la falda, el pelo lo llevaba recogido en una cola de caballo.- Esa mañana tuve que dedicar especial atención a maquillarme porque tenía los ojos hinchados de tanto llorar, el resultado fue aceptable, si no fuera por cómo me sentí al mirarme en el espejo- destrozada- nadie se daría cuenta por mi imagen.
Me di la vuelta para coger el bolso, que lo tenía en el asiento de al lado y no sé cómo pero noté su mirada clavada en mi espalda, me estremecí, al pensar lo mucho que me afectaba ese desconocido, cogí el bolso y me dirigí a la puerta de embarque. El aeropuerto estaba abarrotado de turistas ya que era quince de julio y en esas fechas la gente se iba de vacaciones. Entregué mi billete a la señorita que estaba en el mostrador,- era muy guapa, morena con ojos verdes y una melena lisa que le llegaba casi hasta el trasero- me miro con amabilidad y me indicó por donde debía embarcar.

Cuando estuve sentada en el avión me relajé,- recostándome en el asiento- pero no podía dejar de pensar en que diría mi familia cuando se diesen cuenta de que me había ido. Le había dejado a mi madre una nota en el buzón:
<<Mamá, no puedo seguir con esto, Alex ha llegado demasiado lejos
y no aguanto más. Me voy lejos, porque necesito espacio y ordenar
mis ideas, cuando esté instalada en mi nuevo destino me pondré en
contacto con vosotros.
No te enfades por no haber recurrido a ti. Necesito tiempo para pensar.
Te quiero muchísimo, dale un beso a Laura y a papá.
Os quiero Mel.>>

Mi madre es una persona que sabe lo que quiere y tiene unas ideas muy sólidas. A mi hermana y a mí siempre nos educó en base a unos valores que para ella eran esenciales para poder llevar una buena vida, nos enseñó a ponernos en el lugar de los demás, a ayudar cuando era necesario y a llevar una vida sin meternos en la del resto de personas. Es muy comprensiva pero con un carácter muy fuerte, aun así, siempre nos ha dado la confianza de contarle nuestros problemas e inquietudes y ella nos asesoraba según su opinión o sus experiencias. Pero esto no podía contárselo, mi madre no se merecía este sufrimiento, asique por eso tome la decisión de irme.

La azafata me saco de mis ensoñaciones cuando me preguntó si necesitaba alguna cosa, yo negué con la cabeza y ella me sonrió.
– Si necesita algo avíseme.- me dijo con una sonrisa.
Le di las gracias y me recliné el asiento para estar más cómoda, me recosté, y con la mente todavía muy lejos de allí, me quedé dormida.

Voces en mi mente que me recordaban un momento de mi vida que quería olvidar, oí como una voz grave me decía:
– ¡Eres una inútil, no vales para nada!
– ¿Qué?- respondía confusa.
– Cada vez que pienso en el tiempo que he perdido contigo, ¡qué asco me das!- y alguien me escupió en la cara.
– Pero que estás diciendo… ¿qué te pasa Alex?- pregunte asustada.
– Que tenía que haber buscado a otra que por lo menos supiera darme lo que quiero.- gritó. Estaba tan cerca de mí, que podía oler su aliento a whisky.
– Además,- continuó – eres una zorra que siempre viste provocando para que los hombres la miren. Seguro que has estado con ese amigo tuyo que te come con los ojos, ¡seguro que te lo has follado!- dijo muy alterado.
– ¡Pero cómo puedes pensar eso!- dije indignada.- Alex, ¿has bebido?- pregunte aun sabiendo cual era la respuesta.
– Que pasa, ¿que con él si follas y conmigo no?, y ahora, ¿también te molesta que beba?, que quieres que te folle y te haga sentir… – le miré a la cara y me puso enferma lo que vi, le interrumpí dejando su frase en el aire.
– ¡No!- grité asustada y me estremecí sólo de pensar que esa bestia se acercara a mí. – ¡No me toques!- grité apuntándole con el dedo para que no notase lo asustada que estaba.
– Ven aquí- dijo hecho una furia.
– No, por favor- contesté como pude entre sollozos.
Él, se estaba acercando, con los puños apretados, tenía los nudillos blancos de la fuerza que estaba haciendo. Me puse detrás de la mesa y eso le enfadó aún más, podía ver la ira reflejada en sus ojos.
– Como tenga que correr detrás de ti será peor- dijo enfadado.
Me puse blanca del miedo y empecé a temblar. Sin darme cuenta se abalanzó sobre mí y me agarro de las muñecas, las lágrimas bañaban mi rostro mientras forcejeaba para que me soltara. No podía creer lo que me estaba pasando, se intentó desabrochar el pantalón, en un descuido le di una patada en la entrepierna y cayó de rodillas, quejándose y maldiciendo.
– ¡Serás puta!, ¡ven aquí!- gritó todavía de rodillas.
No podía moverme, cuando reaccioné corrí hacia la puerta, pero justo cuando mi mano rozaba el pomo, me agarro del pelo y tiró de mí hasta pegarme a su cuerpo. Sentía su respiración en mi cuello y empezó a moverse restregándose contra mí, me dio tanto asco que le mordí fuerte la mano, cuando me soltó corrí a encerrarme en el baño pero no llegué, me empujo y caí al suelo, me acurruque junto al sofá.
– Con que esas tenemos…- dijo con un tono que parecía que venía del mismo infierno.
– Esto es lo que se merecen las zorras como tú- y levantó el puño…]

La azafata me despertó:
– Señorita, ¿se encuentra bien?- preguntó un poco asustada.
Pegué un bote en el asiento, tenía la cara mojada de haber estado llorando y estaba temblando. Cuando recuperé el aliento y me di cuenta de donde me encontraba, contesté susurrando:
– Si, gracias.
– Lo siento por despertarla, pero estaba gritando y los pasajeros me avisaron- dijo después.
– Lo lamento, he debido de tener una pesadilla.- dije avergonzada y mirando al resto de personas que había a mí alrededor, todos tenían la mirada puesta en mí.
– No se preocupe, pero ¿está bien de verdad?, ¿quiere que la traiga un poco de agua?- preguntó y se notó que lo decía de corazón.
– S…si.- dije entre contadamente.
– Ahora mismo se lo traigo, vaya poniéndose el cinturón, estamos a punto de aterrizar.- y se fue más tranquila.
Me dejé caer en el asiento, me puse el cinturón e intenté relajarme. Ni estando tan lejos de él podía olvidarlo. No puedo seguir así, tenía que dejar esto atrás y empezar de cero. Cuando la azafata me llevó el agua ya me encontraba mejor, aunque tenía la garganta un poco reseca a causa de la pesadilla.

Al llegar a Mallorca, recogí mi equipaje y me dirigí a la puerta de salida de aeropuerto. Entre la multitud conseguí coger un taxi y le di al taxista la dirección del hotel en el que me iba a alojar hasta que encontrase una casa o un apartamento. Durante el trayecto, se escuchaba en la radio la canción “Mientes” de Camila, se me llenaron los ojos de lágrimas al escucharla, el taxista vio por el retrovisor como estaba y cambio inmediatamente de emisora llenando el taxi con la famosa canción de Rihanna “Only girl to words”, sonreí al reconocer que el pobre hombre sólo quería animarme un poco.
A los pocos minutos se detuvo en la puerta del hotel, mire el taxímetro y le entregué al taxista el dinero, dejándole una pequeña propina por lo atentó que había sido. Me ayudó a bajar el equipaje y un chico muy guapo que trabajaba en el hotel me ayudó a llevarlo.
Me detuve frente al mostrador, una mujer bastante corpulenta y con cara de pocos amigos me pidió el D.N.I. y la reserva que había hecho horas antes por internet.
– Aquí tiene,- me dijo con unas llaves de la mano- su habitación es la número 13, tercera planta. Raúl la acompañará.- dijo la señora muy seria señalando hacia el chico guapo.
– Gracias.- le dije y seguí al chico hasta los ascensores.
Mientras esperábamos el ascensor, el chico me dirigió una mirada y sonrió.
– ¿De vacaciones señorita…?- dejó la frase sin acabar.
– Melinda Marcos,- le dije y le devolví la sonrisa. – más o menos,- continué- necesitaba desconectar un poco.- le expliqué.
– Claro, aquí estará a gusto, todas nuestras instalaciones están a su disposición, el gimnasio, la sauna, la piscina… si desea más información pregunte en recepción y le darán un folleto completo con todo lo que desea saber.- me explicó muy amable.
– Gracias, lo haré,- dije y añadí.- ¿Tienen wifi?
– Sí, claro, en todo el hotel y también en la terraza.- contestó educado.
– Muy bien, gracias otra vez.- dije sonriendo.
Cuando llegó el ascensor subimos y nos dirigimos a la habitación número 13, Raúl me abrió la puerta y dejó el equipaje al lado de una mesita baja que había junto a la cama.
– Si necesita algo llame por la línea interna marcando el 03, ese es el número de recepción.- me informó.
– Vale, se lo agradezco.- concluí.
Con una inclinación de cabeza se despidió y salió de la habitación.

La estancia era pequeña pero acogedora tenía una cama grande, un balcón con una pequeña terraza que daba al mar y un baño completo con bañera.
No tenía pensado quedarme mucho tiempo allí, pero por ahora tenía que servir con eso, ya que no contaba con mucho dinero. Cuando salí de casa cogí lo poco que tenía guardado en el cajón de la mesilla y la tarjeta de crédito en la que también tenía algo ahorrado, pero con eso no tendría para mucho tiempo, debía buscar trabajo y lo tenía que hacer ya.

Sinopsis

Melinda Marcos, una joven de veinticinco años, decide abandonar su pasado tras atravesar una relación muy tormentosa y recibir una paliza brutal de su novio Mario. Cargada de miedos e inseguridades decide coger un avión, con la única certeza de querer dejar atrás la vida que tantos daños irreparables le había causado y empezar de nuevo, pero cuando el destino se antoja caprichoso resulta imposible escapar de él.

Un nuevo comienzo, en el que el amor será de nuevo el gran protagonista. Una historia de pasión y seducción que hará a Melinda sumergirse en un mundo totalmente desconocido e irracional, en el que los sentimientos cobrarán una fuerza tan brutal que la llevarán a un absoluto descontrol.

Por primera vez en su vida, sucumbirá ante un amor incondicional, una vida de ensueño que le otorgará la libertad que tanto anhelaba pero…

¿Cómo sabemos dónde está el límite entre la realidad y los sueños?